La exposición "Mirades" en la Sala Almirall de Barcelona en el año 2008 abrió en la obra de Rosa Permanyer un viaje de solidez formal y coloración intensa que permite entender la obra que en estos años ha ido llegando hasta la exposición de hoy. Aquella muestra entre renacentista y barroca, entre florentina y romana, da paso ahora, sin abandonar su intensidad, a una tabla de libélulas, mariposas, ramas y paisajes urbanos, enmarcada por rectángulos y cuadrados, y donde rojos, blancos y negros se geometrizan para entrar en una disposición abstracta corregida por esos elementos figurativos. En esta narración de Rosa Permanyer sigue presente la naturaleza; la artista nos dice que mariposas y libélulas le sirven en este momento para describir lo frágil -una fragilidad, sin embargo, que no rehúye estar definida entre rígidas geometrías rojas, de la misma manera que un paisaje urbano se presenta junto a jardines olvidados. Pero estos juegos siempre la han definido y ella ha querido definirse por ellos: al principio de su carrera incomodaba a algunos que su obra se confundiera entre el grabado y la acuarela, viendo debilidad donde sólo había experimento, creación, curiosidad. Y así, también ahora, la sobreimpresión de litografía y aguafuerte que magistralmente domina viene a ayudarla en este campo de transparencias. No es extraño que su obra quiera entrar además en el combate difícil de los libros de artista, una disciplina encerrada a menudo en la excepcionalidad y en el menosprecio de la ignorancia. En "Ciutat latent" Permanyer despliega como un mapa, y amplia, remueve y saca a relucir los valores estéticos que aparecen condensados en su obra gráfica. Por fortuna, los artistas contemporáneos están cada vez más interesados en su práctica.

Dr Helena Golanó
Doctora en Historia del Arte