Las obras de Rosa Permanyer pudieran gustar sobre todo a los que piensan que el arte es una promesa de felicidad; pero lejos de engañarse con el mísero entusiasmo privado que separa la labora artística de la dureza de los días, Permanyer trabaja en su estudio transformando sobre el papel las inclinaciones de ese sentir.

A lo largo de estos años ha ido limpiando de sus trabajos todo loq que no remitiera lo esencial; desde sus primeras acuarelas en las que los objetos se insinuaban en un espacio y unos colores uniformes, hasta estas obras donde un orden más marcado prevalece y define la composición. Los azules y los terrosos que están con ella desde el principio, son ahora nítidos y echan luz sobre los objetos que acompañan.

A través de “collages” y grabados, estos objetos humildes que habían tradicionalmente servido para recordar al espectador la vanidad de todas las cosas, son ahora y aquí elementos que nos devuelven la dignidad de su vida callada.

Helena Golanó
Doctora en Historia del Arte